miércoles, 24 de agosto de 2011

La Regenta, novela extensa





Cuando Leopoldo Alas (1852-1901) publica en 1884-1885 los dos tomos de su primera y extensa novela, La Regenta, lo hace en un momento indudable de madurez literaria, cuando su nombre -y, sobre todo, su sobrenombre literario de Clarín- era conocido en toda España por su obra crítica y, también, por algunos cuentos como los que había incorporado, en 1881, a su colección de artículos Solos de Clarín.

Pero, ahora, Alas da un paso decisivo desde esa narrativa breve a la tan extensa que suponen los dos tomos de La Regenta, novela que, junto con algunas de Galdós -así, Ángel Guerra y, sobretodo, Fortunata y Jacinta-, figuran entre las más largas que se publicaron en España en el pasado siglo [del XIX]. Al agustino P. Blanco García, a quien se deba la, tal vez, más negativa y violenta crítica de la novela clariniana, le parecía ésta un "disforme relato de dos mortales tomos". E incluso algún elogio de la obra va unido al reproche suscitado por su desmesurada extensión. Así, Rafael Altamira consideraba que Alas "como novelista [...] excede a casi todos los españoles, no faltando quien tenga La Regenta (expurgada de varios pasajes que la alargan excesivamente) por la mejor novela contamporánea".

¿Tuvo conciencia el propio autor de este posible defecto de su obra? A ello parece aludir una carta fechada en Oviedo, a 3 de octubre de 1885, que Alas envió al escritor Jacinto Octavio Picón y en la cual le apuntaba:

No puedo estar más satisfecho de los que dicen todos del libro, así en letras de molde como en cartas particulares. El defecto en que todos están conformes, o los más, es la pesadez, lo largo de la obra, y tienen razón. Si la hubiera escrito con más tiempo y con el borrador de lo escrito ya a la vista hubiera sido más corto, pero según iba escribiendo iba mandando el original y tenía que fiarlo todo a la memoria.

Esto podrá ser así, pero lo cierto es que en la actualidad, cuando la que, en el momento de su aparición, pudo ser una obra discutida y hasta rechazada, se ha convertido ya en un innegable texto clásico, resulta tan inimaginable como inaceptable una Regenta expurgada o reducida. Nada en ella -tan trabada y coherente en su estructura- parece superfluo. Una Regenta abreviada nos parece hoy algo tan absurdo como un Quijote que no fuese justamente el "dilatado" que Cervantes quiso y supo ofrecer a sus lectores.

Clarín no se equivocó en las dimensiones asignadas a su novela, que eran justamente las que necesitaba, y las que permiten alinearla junto a algunas de las más voluminosas y extraodinarias novelas europeas del XIX, como lo son las ya citadas de Galdós, o La feria de las vanidades de Thackeray, Dombey e hijo de Dickens, Guerra y Paz, de Tolstoy, etcétera.

[...] la multiplicidad de planos y personajes de La Regenta no suponen desviación o estorbo, sino que se configuran como algo cargado de funcionalidad, al servicio del tema central, sin convertirse nunca en ornato gratuito.

La Regenta, novela extensa. Mariano Baquero Goyanes



No hay comentarios:

Publicar un comentario